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jueves, 3 de mayo de 2012

Viera y Clavijo



                                                VIERA Y CLAVIJO (RELFEXIONES)

José de Viera y Clavijo nace el 28 de Diciembre de 1731 Tenerife

Fallece en Las Palmas de Gran Canaria el 21 de Febrero de 1813.


Alejandro Cioranescu dice de él que era comilón, holgazán y egocéntrico.

Debió llamarse José del Álamo Viera y Clavijo y todos sus ascendientes son de origen portugués.
Viera critica a muchos historiadores y se ensaña, no sin razón, con Núñez de La Peña, por sus errores, mentiras y falta de originalidad.
Viera era eclesiástico y dedica su obra al rey, son inflexiones que mostraran su inclinación.

Comienza haciendo una descripción geográfica “por la idea que se suele tener en Europa de los países mas acá del estrecho de Gibraltar, han pasado y pasan para con algunos, las Islas Canarias por región de América, y por indianos sus habitantes”. Estamos en los inicios del siglo XIX.
Lo primero que hay que señalar es que mientras los contingentes llevados a América, por los españoles, lo constituían gente de toda calaña, ladrones asesinos, etc. A Canarias y en sucesivas oleadas, solo llegaron militares profesionales especializados en las modernas guerras.

Viera comienza su relato de la conquista de Tenerife exaltando a los españoles que llevan la guerra a las islas a despojar a los Guanches del país que la naturaleza les había señalado. Es evidente, desde las primeras líneas, de parte de quien está, a los que llama “nuestros”.
La salida de Gran Canaria se efectúa el 30 de Abril de 1493 compuesta por mas de 1500 soldados y 200 de a caballo en 22 bergantines bien pertrechados de armas.
Los españoles contaban con Fernando Guanarteme y los suyos, con las disensiones habidas entre los Guanches, la traición de algunos Menceyes y la apología católica implantada en la isla hacía casi una centuria.
Viera relata que el primer encuentro tuvo lugar en Gracia, lugar entre Añaza y Aguere, entre Bencomo y Lugo. Viera pone en boca de Bencomo una sarta de palabras incapaces de creer.
Los españoles por su parte “ofrecían amistad, obediencia y sumisión” y reconocimiento del cristianismo.
Bencomo responde que “acepta la amistad, que no sabe lo que es cristianismo y que ha nacido libre y morirá libre”.
El padre Espinosa consideró que “la guerra que se hizo a los naturales de ésta isla, como a los indios, fue extraña, porque ellos no poseían tierra de cristianos ni salían de sus límites a infectar las ajenas, pues decir que les traían el evangelio, habría de ser con predicación y amonestación y no con tambor y bandera, rogados y no forzados”.


Bencomo se retira con los suyos y celebra el Tagoror. Finalmente, de los nueve menceyatos de que se componía la isla, solo cuatro se enfrentarían contra los invasores para defender la libertad del suelo patrio; estos serian los de Taoro, Tacoronte, Tegueste y Anaga, los demás se mantendrían neutrales, se arrepentirían algo mas tarde, y el de Güimar, influenciado por la iglesia, actuó contra sus propios hermanos auxiliando al enemigo.
Viera y Clavijo relata aquí como los españoles, a quién llama “los nuestro” acantonados en La Laguna de Aguere, marchan hacia el interior sin ser estorbados y después de hacerse con un considerable número de ganado, deciden batirse en retirada con el botín.
Bencomo había enviado a su hermano Tinguaro con trescientos guerreros para atraer a los invasores mientras él los esperaba a pié firme. Tinguaro ataca a las tropas españolas en Acentejo y dice Viera que eran unos bárbaros que daban gritos y silbos como fieras salvajes.
La batalla fue sangrienta para los castellanos y Lugo cobardemente cambia su ropaje rojo con un soldado para librarse de ser reconocido. Lugo se lleva una buena pedrada que le destroza la boca. Se dice que perdieron la vida mas de 1200 españoles, una proeza Guanche. Treinta españoles logran refugiarse en una cueva, mas tarde serian perdonados por Bencomo, un error. El resto de la tropa huye hacia los montes de La Esperanza, de ahí su nombre, si hubieran salido por Los Rodeos se hubieran topado con el contingente de Tacoronte, ni uno hubiera quedado vivo.
Viera comenta que “puede decirse que los Guanches nos vendieron cara su libertad”.
Después de la batalla 300 güimareros se encaminan a socorrer a Lugo con alimentos y medicinas, Lugo en pago de ésta acción los embarca y los vende cómo ganado en Cádiz y Sevilla.
En Diciembre del mismo año, los españoles vuelven a la carga con 1.100 hombres y 70 de a caballo.


Los Guanches se enfrentan a los españoles en Aguere, un gran error que permitía maniobrar a los caballos como máquinas de guerra. Después de horas de lucha indecisa, aparece por La Cuesta Fernando Guanarteme (llamado el converso) con los suyos, lo que decidiría definitivamente la suerte de la guerra a favor de los españoles.
Tinguaro malherido es perseguido, se retira hacia la colina de San Roque perseguido por siete hombres a caballo. Puesto de rodillas y con los brazos cruzados en señal de rendición, implora por su vida, uno de los de a caballo le atraviesa el pecho con una lanza.
Algunos historiadores dudan de la veracidad de éste hecho y sugieren que fue el propio Bencomo el que murió en La Laguna.
Los españoles se ensañaron con el cadáver, al que le daban golpes y patadas, lleno de sangre y polvo era irreconocible, el de Lugo ordena cortarle la cabeza y ponerla en una pica, una costumbre habitual. Viera dice que murieron 1.200 Guanches.


Aconteció entonces una epidemia pestilente que afectó solo a los Guanches, no inmunizados por enfermedades europeas, murieron por millares, algunos de pié con las armas en las manos, produciendo un letargo mortal o sueño con fiebres malignas y agudas pleuresías, llamada modorra de los Guanches. Aún no se conoce el agente patógeno. Se habla de fiebre muy alta, inflamación pulmonar y muerte. La moderna ciencia dice que en aquel crudo invierno murieron entre 3.000 y 5.000 Guanches debido a la enfermedad. Esa fue la batalla decisiva y no las armas españolas.


Viera relata otra confrontación en Acentejo y dice que “con el patrocinio de Dios y los Santos, la arenga de los religiosos contra los infieles que defendían su vida, su tierra y su libertad con sobrada fiereza”.Viera comenta que los españoles victoriosos se hincaron en tierra, en el campo de batalla y dieron gracias a Dios, mientras los Guanches huían heridos. Continua diciendo “que habiendo encontrado nuestras armas tan terrible barrera”, refiriéndose a los Guanches, inexplicablemente, Lugo se retira a Añaza, Santa Cruz, en vez de terminar la obra de conquista, parecía una conquista interminable de la que no sacaban provecho.
Una y otra vez, con la ayuda de los señoritos andaluces acaudalados, Lugo consigue otro ejercito, mientras los Guanches veían sus fuerzas disminuidas.

Sobre la batalla de La Victoria, las crónicas cuentan que los españoles se adentraron hasta Tahoro e hicieron su campamento frente a los Guanches.
Hoy se duda de la veracidad de dicha batalla al no existir ninguna clase de documento que lo testimonie.


Se cuenta que Lugo ofreció amistad, libertad, cristianidad y vasallaje, como de costumbre no cumpliría nunca su palabra. Su honor no tenia valor. En el futuro los Guanches sometidos y aún sus colaboradores, Añaterve (el bueno) y los suyos, conocerían de cerca el engaño y la esclavitud. La moderna historia no ha podido desentrañar el misterio acontecido con Añaterve, simplemente desaparece.
La crónica de Viera es muy parca en lo relativo a ésta victoria y no ofrece ningún detalle como hace prolijamente con otros acontecimientos.
Después de la supuesta Paz de Los Realejos, un grupo de Guanches fueron llevados a españa, nada seguro se sabe de ellos. Uno de los Menceyes fue regalado al embajador de Venezia, tal cual objeto fuera.
No sabemos su nombre, la moderna investigación apunta a que podría ser el Mencey de Güimar y que podría estar representado en una pintura de la época.


Viera y Clavijo apunta algunas frases dignas de ser repetidas; “nos asisten firmes razones para dudar si acaso les permitieron retornar a su patria”, se refiere después de la comentada Paz.
¿Cómo no se vuelve a hacer memoria de ellos en nuestra historia?.
“Trataron toda la nación con desprecio increíble”.“Tenemos demasiadas pruebas del honor con que los europeos miraron a los Guanches y de la extrema miseria a que éstos se hallaban reducidos”.
Los españoles se quejan de los robos de ganado que hacen los Guanches. Ladrones llamando a los Guanches ladrones.
Viera también relata como estos “honorables caballeros”, nobles y honrados prontamente te reparten la isla.
Al autor se le desliza, sin darse cuenta, algunas atrocidades cometidas y dice, por ejemplo, que “un individuo fuerza a cuatro mujeres casadas y a la hija del Mencey de Adeje“. Toda una joya del “honor” del que hacen gala.


Otro buen ejemplo de moderno europeismo fue el mismo Alonso de Lugo, Pedro de Vera, Beatriz de Bobadilla y otros.
Viera continua relatando sobre su vida y obra de estos amorales a los que llama repetidamente “nuestros”, sin embargo no se sabe nada, o casi nada de los que él califica de salvajes indómitos, tenaces, valientes en la defensa de su tierra.

Es notorio, en cualquier lugar, el desprecio que sienten los españoles por los Guanches hasta nuestros días.
La Conquista de Canarias le había llevado casi un siglo.

Quedó un numeroso grupo de Alzados.

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